Concejo Municipal de Maracaibo

Maracaibo, Venezuela

13/04/2024 11:01

Concejo Municipal de Maracaibo

Historia de la educación en Maracaibo, II

En el albor del siglo XIX, el sistema monárquico colonial en Hispanoamérica se encontraba en crisis y sin capacidad para reponerse. Maracaibo no fue ajena a estos cambios y algunos connotados representantes de la elite intelectual, política y comercial se sumaron al proyecto independentista. No obstante, hasta 1821 la dirigencia maracaibera se mantuvo firme en su respaldo a la continuidad de los nexos con la Corona española; esta adhesión produjo para la ciudad un beneficio desde el punto de vista educativo: el Seminario diocesano dejó de funcionar en Mérida y pasó a establecerse en Maracaibo, desde el 13 de junio de 1813. También la sede del obispado se fijaría en esta ciudad puerto, a partir de octubre de 1815, con la presencia de Mons. Rafael Lasso de la Vega hasta septiembre de 1821. El terremoto de 1812 y sus secuelas en Mérida, así como la adhesión de su cabildo al movimiento independentista, motivaron este traslado que posteriormente sería revertido por el Congreso de Colombia.

La incorporación de Maracaibo al proyecto geopolítico de Colombia y al sistema republicano, trajo consigo nuevos métodos instruccionales. Para entonces la ciudad disponía de una población cercana a los 15 mil habitantes, con acentuadas limitaciones en su oferta educativa, que derivaba en el analfabetismo de muchos maracaiberos, a pesar de la implementación de algunas iniciativas pedagógicas, específicamente la adopción del método lancasteriano a proposición de El Libertador.

Esta innovación respondía a las orientaciones provenientes de la vertiente ideológica de la Ilustración, cuyas propuestas educativas apuntaban a la capacitación masiva para el trabajo, el fomento de la ciudadanía y la secularización de la enseñanza. La dirigencia gubernamental creyó que el logro de estos propósitos pasaba por la exclusión de la Iglesia del sistema de instrucción, para que el Estado ocupara su lugar. Sin embargo, a pesar de medidas extremas como la supresión de conventos para convertirlos en centros de enseñanza, la aspiración de una educación gratuita y universal (Art. 5 de la Ley de Enseñanza Pública de 1826) tardaría mucho tiempo en materializarse, al menos hasta la puesta en práctica del Decreto de Instrucción Pública, Gratuita y Obligatoria, del presidente Antonio Guzmán Blanco, de fecha 27 de junio de 1870.

Antes de la implementación del referido decreto, los gobiernos de Venezuela se mostraron partidarios de impulsar la educación, pero en los hechos eran los vecinos (algunas veces agrupados en organizaciones como la Sociedad Amigos de la Instrucción y la Sociedad Amigos del País) junto con los gobiernos locales y provinciales los que asumían el financiamiento de la educación primaria. De acuerdo con Magdelis Vera, en su obra: Proyecto educativo republicano e instrucción pública en Maracaibo (1830-1850), en 1841 funcionaban en Maracaibo 5 escuelas públicas: 4 para la atención de varones (2 en la parroquia Matriz, y 1 tanto en Santa Bárbara como en San Juan de Dios); y una para las niñas en la parroquia Matriz; a la par existían 10 centros escolares privados: 1 para varones en cada parroquia; y para las niñas, 2 en las parroquias Matriz y Santa Bárbara, y 3 en San Juan de Dios. En ambos sectores se atendía un total de 818 estudiantes.  Según el Decreto para el Establecimiento de Escuelas Primarias y su Reglamento de Funcionamiento, emanado por la Diputación Provincial de Maracaibo en 1834, la gratuidad de la educación estaba limitada a la cantidad de 70 niños pobres del cantón Maracaibo (menos del 10% de la población escolarizada), y 40 para el resto de cantones de la provincia. En las escuelas, los niños debían aprender: doctrina cristiana, reglas elementales de aritmética, nociones básicas de gramática y ortografía castellana, urbanidad y cortesía práctica. Las niñas recibían adicionalmente capacitación para el desarrollo de destrezas y oficios acordes a su sexo. El horario de actividades abarcaba 5 horas: de 8: 00 am a 11: 00 am, y luego retornaban de 3:00 pm a 5:00 pm; el año escolar sólo disponía de un período vacacional, que se extendía desde el 25 de diciembre hasta el 6 de enero.

En cuanto a la educación superior, a diferencia del nivel primario, su administración y financiamiento estaban en manos del gobierno central. Desde 1833 las autoridades de la provincia de Maracaibo solicitaron sin éxito al presidente de Venezuela, general José Antonio Páez, que se aprobase la fundación de una universidad con sede en Maracaibo, pero solo lograron la asignación de un Colegio Nacional (según decreto del 02 de marzo de 1837), el cual se instaló el 19 de abril de 1839. Esta institución inició como establecimiento literario, pero ya en 1842 disponía de un curso de Náutica, y en 1854 se dio paso a los estudios de Jurisprudencia y Medicina. También ofrecía formación en Filosofía y Pedagogía; esta última sería cursada por María S. Oquendo, la primera mujer venezolana graduada de Maestra de Instrucción Primaria, cuya acta de grado data del 30 de agosto de 1885.

Producto de la fecunda labor educativa del Colegio Nacional de Maracaibo -posteriormente llamado Colegio Federal-, se iría conformando la intelectualidad maracaibera, a la par que se darían las condiciones para la fundación de la Universidad del Zulia, que tuvo lugar el 11 de septiembre de 1891: día considerado Fiesta de las Ciencias, según el Acta de Instalación.

En esta etapa final del siglo XIX, además de la Universidad, Maracaibo acogió la silla episcopal de la Diócesis del Zulia, jurisdicción creada por el papa León XIII, el 28 de julio de 1897. La Universidad y la Diócesis constituyen los dos grandes tesoros culturales del Zulia en el siglo XIX, cuyo impacto en todos los órdenes de la sociedad perduran hasta la actualidad.

* Cronista de Maracaibo. Profesor de historia de Venezuela en la Universidad del Zulia. Miembro de la Academia de Historia del Estado Zulia. E-mail: cronistamaracaibo@gmail.com

 

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